dilluns, 6 d’octubre de 2008

FRITJOF CAPRA, doctor en Física Teórica, escritor científico dedicado a las ciencias de la vida

“Mente y materia son las dos caras de la misma moneda”




69 años. Nací en Viena y, desde hace 30 años, vivo en California. Soy profesor y activista medioambiental. Casado y con una hija. Urge un cambio profundo en las estructuras empresariales, de estilo de vida y tecnológicas si queremos sobrevivir. Estoy cerca del budismo


La actual crisis económica y de seguridad, el agotamiento de los recursos y el cambio climático son distintas facetas de la misma crisis: una crisis de percepción.

Algo hacemos mal, eso está claro.
Las grandes instituciones sociales, los líderes de empresa, los políticos, los profesores universitarios..., todos estamos fijados en una visión del mundo totalmente obsoleta en el marco de un mundo globalizado y en crecimiento poblacional.

Descríbame esa visión obsoleta...
Es una visión del mundo muy tecnicista y mecanicista que entiende el universo como una gran máquina formada por distintos elementos que funcionan conjuntamente. De la misma manera entiende el cuerpo humano como una máquina totalmente separada de la mente, y la evolución, como una lucha competitiva para conseguir la subsistencia.

Una visión muy fragmentaria.
No hay una solución para un problema, todo está íntimamente interconectado.

¿Cuál sería la mirada correcta?
Requiere otra manera de pensar que tenga en cuenta las relaciones, los contextos y los patrones, lo que en la ciencia se denomina pensamiento sistémico o ecológico. Existe un choque muy profundo entre nuestra creencia de que el crecimiento es ilimitado y el hecho de que nuestro planeta sea finito.

Una gran contradicción.
Y esto refleja también la dicotomía entre el pensamiento lineal y las previsiones de futuro que hacen nuestros economistas, y el carácter no lineal de la biosfera.

Usted va más allá, roza la espiritualidad al afirmar que todo es uno.
Cuando uno se pregunta cuál es la esencia de la vida espiritual y estudia las enseñanzas y las escrituras de los grandes místicos de todas las culturas, encuentra un denominador común: un sentido muy profundo que implica estar conectado con algo más grande que nosotros mismos, con un todo. Y esa es la perspectiva ecológica del mundo.

¿Qué tiene de científica esta visión?
La ciencia en el siglo XX ha experimentado un cambio de paradigma muy profundo en su visión del mundo. Nuestros conocimientos actuales nos llevan a ver el mundo material como una red de relaciones inseparables. Y en cuanto a la separación entre cuerpo y mente, hemos comprobado que cada célula individual es un sistema cognitivo vivo de por sí, conectado con todo lo demás.

¿Y eso qué implica?
Que la mente y la materia son las dos caras de la misma moneda. La mente es la cara de los procesos, y la materia, la de las estructuras. Y el planeta se entiende como un sistema vivo que se organiza y se regula a sí mismo.

La teoría de Gaia.
Exacto. Por tanto, esta visión espiritual de que nosotros formamos parte de un todo interrelacionado, y que este todo está vivo, tiene una base científica.

¿Cómo desde la física, disciplina alejada de cualquier creencia, llegó al taoísmo?
Los físicos hemos ido estudiando la materia cada vez en mayor profundidad, y hemos observado que cuando se llega al nivel atómico y subatómico, el lenguaje y las imágenes con las que nos encontramos ya no son puramente mecanicistas como en niveles mayores, observamos que existen una serie de patrones de energía y una red de interrelaciones constantes. Esa revolución científica es la que describo en El Tao de la física, y la comparo con la visión de los místicos orientales.

¿Visión aplicable a todas las disciplinas?
A principios de 1930 se dio en Europa una etapa de diálogo muy profundo entre biólogos, psicólogos y ecólogos. Todos estudiaban sistemas vivos: individuos, sistemas sociales y sistemas ecológicos, y todos intentaban entender la naturaleza fundamental de la vida.

¿Y?
Fue así como se dieron cuenta de que para describir un sistema vivo es fundamental la relación que se establece entre las distintas partes de ese organismo. Tanto los físicos como los que se dedicaban a las ciencias de la vida llegaron a la misma conclusión: para analizar cualquier situación, necesitamos basarnos en las relaciones, los contextos y los procesos.

Entonces, ¿cuál es la actitud para remontar esta crisis?
Hay que atar cabos, ver cómo se interrelacionan todas las cosas porque no existen problemas aislados. Por ejemplo: que nosotros conduzcamos un determinado tipo de coche, que hagamos un uso concreto de la energía, significa que tendremos más emisiones de efecto invernadero.

... Y esas emisiones provocarán el calentamiento
del planeta.
Sí, y a su vez, ese calentamiento hace que se deshiele un glaciar en Asia que provoca que los grandes ríos que salen del Himalaya, el río Amarillo y el río Ganges, se queden sin agua, lo que acaba en hambrunas. Por tanto, nuestras propias opciones individuales, nuestras decisiones, tienen implicaciones globales, todos somos responsables.

Tomo nota.
La buena noticia es que existen soluciones para muchos de los problemas del mundo actual, y muchas son sencillas: tenemos los conocimientos, disponemos de las tecnologías y de la capacidad financiera necesarias para conseguir una sociedad sostenible. Lo único que nos falta es la voluntad política.


Conexiones

Hace 30 años se trasladó a California y abandonó la física teórica para profundizar en las nuevas teorías que entienden el mundo y la materia como un entramado de relaciones y consecuencias. Fundador del Centre for Ecoliteracy de Berkeley, que promueve la ecología y los sistemas de pensamiento en la escuela, profesor del Schumacher College en Inglaterra, un centro internacional de estudios ecológicos, y autor de cinco superventas científicos como El Tao de la física, acaba de publicar La ciencia de Leonardo (Anagrama), donde reivindica al artista como el padre no reconocido de la ciencia moderna. Ha expuesto sus teorías en el ciclo En Ressonància, organizado por Caixa Catalunya y KRTU.


IMA SANCHÍS
(Foto: Marc Arias)



dijous, 2 d’octubre de 2008

SERGIO BULAT, asesor literario, autor de "El arte de inventarse profesiones"

“Reinventa tu profesión”




Tengo 42 años. Nací en Buenos Aires y vivo en Salou. Estoy casado y tengo dos hijos, Alen (9) y Jan (11). Soy abogado, mediador de conflictos, máster en Periodismo y ‘coaching’ literario. Soy de derechas en lo económico y de izquierdas en lo social. Soy agnóstico practicante


¿Qué profesión es la más original que conoce?
Está el caso de Debra Fine, que hoy es consultora en conversaciones triviales (small talk).

¿Qué trabajo es ese?
Ella trabajaba en una empresa de ingenieros, a los que les costaba horrores arrancarse a conversar con sus interlocutores en las reuniones de trabajo. Ella sí tenía ese talento y siempre ayudaba a romper el hielo. ¡Y hoy vende esta habilidad!

Debra inventó su profesión, ¿no?

Eso es lo que propongo, y más en estos tiempos de crisis.

No es fácil.
Se trata de pensar: “¿Qué podría yo aportar a mi trabajo que lo distinga algo del que hacen otros?”. Quizá no inventes una profesión, pero sí harás más valioso tu trabajo.

Necesito más ejemplos.
En RAC 1 he oído a un meteorólogo que da sus previsiones ¡cantando! ¿Ve? Hace su trabajo de modo más gratificante para él, y se distingue de otros. Si algún día esa empresa reduce personal, él no será el primero...

¿Se trata de singularizar tu trabajo?
Aplica alguna de tus aptitudes, inclinaciones, habilidades o gustos a tu trabajo, haciéndolo más gratificante para ti y distinguiéndolo: eso lo hará más cotizado.

Lo ideal sería hacer lo que te gusta.
O logra que te guste más lo que haces.

Un ejemplo.

Un sobrino mío, amante de la escalada, estudió para ser jardinero. Aplicó sus talentos de escalador a la poda de árboles altos, lo que sale más barato que una máquina: ¡hoy se lo rifan! Le sobra trabajo y vive contento.

¿Cuál es la clave para conseguirlo?
Detecta qué te gustaría ofrecer a los demás que los demás aún no sospechan que necesitan. Y atrévete a hacerlo, actúa, arriésgate.

Puedo ser rechazado, incomprendido...
Sí: toda propuesta original genera escepticismo al principio, pero... ¡corres más riesgo no haciendo nada que haciendo lo que sea!

¿Y si me siento cómodo en mi posición?
Repítete lo que dijo Coco Chanel: “Para ser irreemplazable, uno siempre debe ser diferente”.
¡Y hoy más que nunca!

Ya no basta con obtener un título, ¿eh?
Está bien estudiar una carrera, pero sabiendo que el título no es la meta, sino el punto de partida. Luego espabila, singularízate.

Muchos parados dicen: “No encuentro nada de lo mío”.
Seguimos engañados por un modelo caduco y aún aspiramos a un mismo trabajo ideal para siempre. ¡Eso es pasado! Hoy es todo tan cambiante que te toca construir tu trabajo.
“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”, dijo Peter Drucker.

Deme otro ejemplo de futuro creado.
Una mujer visitó a un pariente en el hospital, que le pidió que le rascase en un punto que él no alcanzaba. El paciente de la cama vecina, al verlo, le rogó lo mismo... Esta mujer es hoy ¡rascadora profesional! Se emplea en hospitales para ir a rascar a pacientes.

Sorprendente trabajo.
“Algún día todos los trabajos serán trabajos raros”, escribe Tim Broderick. Si cada uno de nosotros hiciese algo especial, habría tantos trabajos como personas. ¡Hacienda no tendrá epígrafes para todos, ja, ja...!

Una estimulante fantasía, pero...
¡Toca destacarse para sobrevivir! Sucedía antes de la industrialización: cada artesano imprimía su estilo. Luego, la industrialización nos convirtió en ruedecillas de un engranaje. Y ahora te toca reinventar tu profesión, volver a ser un poco renacentista...

¿Cómo lo hace usted?
Como periodista, me he inventado lo de ser coaching literario: ayudo a autores no profesionales
a expresar del modo más eficaz sus ideas en libros. Es un buen trabajo.

¿Quién ha sido el más brillante inventor de profesiones?
Vea a los creadores de Google. O a Yde van Deutekom, que también se preguntó: “Qué puedo aportar?, ¿en qué soy yo bueno?”.

No sé quién es.
Un joven holandés al que sus allegados desdeñaban: “Tú sólo sirves para dormir”. Entendido: se puso a dormir frente a una webcam..., y su página web tiene miles de visitas y jugosos ingresos por publicidad.

¿Hay consejos para dar con tu camino?
Para quienes no tenemos una vocación marcada, lo aconsejable es atreverse a explorar. Nos anima Mark Twain, que dijo: “Dentro de veinte años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de todo lo que hayas hecho”. ¡Mejor actuar, siempre!

¿Se lo dice a alguien que esté en paro?
Desde luego. También me parece útil una reflexión de Abraham Lincoln: “Los que esperan que las cosas les lleguen es posible que reciban algunas..., ¡pero sólo las abandonadas por los que salen a buscarlas!”.

Anotado. Toca mover el culo, ¿no?
La inercia nos ralentiza y nos cuesta cambiar. Pero fijémonos en cómo todo cambia incesantemente a nuestro alrededor. “Si todo parece estar bajo control, ¡es que no estás yendo lo bastante rápido!”, solía decir el piloto de fórmula 1 Mario Andretti.

¿Qué debo enseñar a mis hijos para que sepan afrontar su futuro laboral?
Enséñales que les toca explorarlo un poco todo para encontrar lo que les guste. Y que vayan aprendiendo a afrontar todos los imprevistos sin quejas estériles, sino espabilando para revertirlos a su favor. Y vengan crisis.


Comisionado de golf

Toda profesión comenzó el día en que uno la inventó y otros descubrieron que la necesitaban. Marc, ejecutivo de una gran compañía, ha sido nombrado comisionado de golf en la oficina: su buena mano para organizar torneos entre empleados se ha revelado valiosa para afianzar vínculos interpersonales y forjar equipos más motivados, lo que ha reforzado la posición de Marc en la compañía. Es uno de los casos reales citados por Bulat en El arte de inventarse profesiones (Empresa Activa) para estimularte a ser más activo y creativo en tu trabajo, que puedes enriquecer en beneficio de todos, incluido el tuyo. Sergio Bulat, al escribir este libro, hace lo que en este libro predica.



VÍCTOR-M. AMELA
(Foto: Ana Jiménez)